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Primera Planta Certificada ISO 9000 (2000). Como proyecto de un estudio comenzado en el año 2000 y ante la propuesta de modificaciones...Leer más.


Normas ISO 9000

ISO 9000

ISO 9000, versión 2000, Experiencia Operativa, fue presentado en la Feria del Libro en la ciudad de Buenos Aires. Su contenido versa sobre la reciente edición de las Normas Internacionales de Calidad ISO 9000. La autoría corresponde al Lic. Hugo Enrique Lafaye, quien acredita varias obras anteriores...Leer más


La calidad de la existencia

Ya hemos visto que todos los mortales antes de serlo, previamente contamos con una existencia, con una vida. Importa saber ahora si tal vida desde su inicio, o más adelante, está o estuvo caracterizada por la calidad.

Las condiciones intrínsecas en que una existencia se desarrolla pueden estar signadas por diversos factores, algunos regulables y otros no controlables por las mismas personas o por agentes externos como pueden ser el medio ambiente, la sociedad a que se pertenece, las condiciones económicas o circunstancias políticas adversas para el ejercicio de las profesiones o el trabajo. Igualmente, la salud o enfermedad temporal o crónica, modifican de forma importante el desarrollo de la vida restándole calidad.

Lo que ocurre con las personas igual puede suceder con las plantas y los animales.

Si las plantas no reciben el sol en forma adecuada o la tierra carece de abono o nutrimentos; si les falta el agua de lluvia natural o de riego, sus raíces no se afirman ni desarrollan convenientemente. Se da idéntica situación si deben crecer en suelos no aptos porque son arcillosos, o si hay salitre excesivo o se las planta muy juntas a otras plantas que les pueden quitar vigor.

Los yuyos y malezas las afectan, el pulgón y los insectos las dañan o atosigan, por eso sólo el cuidado preventivo de los entendidos puede curarlas y atenderlas atendiendo a sus múltiples necesidades.

Con los animales ocurre otro tanto: naturalmente suelen marcar su territorio cuidando su hábitat para desenvolver su vida con posibilidades de comida, de espacio, protección y defensa. Si son gregarios se unirán en grupos y adoptarán un papel definido en la manada; si por el contrario se muestran esquivos y solitarios tendrán que cumplir ellos mismos todos los roles.
La crianza en cautividad puede afectarles grandemente, y en ella hasta las fieras pierden el instinto natural de la selva y podrían ser presa fácil de sus congéneres si de pronto y luego de un tiempo en cautiverio, se las devolviera a su medio natural.

Botánicos en el primer caso y zoólogos en el segundo serán los que traten sus enfermedades o dolencias, y en tales casos agentes medicamentosos pueden llegar a constituirse en la única salvación.

¿Qué pasa entonces con los seres humanos?

Si de problemas de salud se trata el tema es más que importante, porque en las personas el estado de salud es lo normal, y la enfermedad o el accidente, la noxa que puede segar la vida a cualquier altura de la existencia.

Esto debe entenderse con claridad: lo único necesario para morirse es haber nacido. A partir de ese momento el estado de salud –pese a ser lo normal- puede llegar a ser siempre transitorio.

La medicina ejercida por los profesionales médicos clínico-generales y especialistas de todas las especialidades (incluyendo químicos, bioquímicos, farmacéuticos, radiólogos e ingenieros de mantenimiento de los aparatos que puedan necesitarse en Medicina como los de estudio por imágenes o rayos láser), todos ellos decía, ejercen la profesión teniendo en cuenta una ecuación matemática conocida. Con los distintos pacientes se pone en estudio y hasta se menciona previamente a ellos mismos y a sus parientes, la relación costo – beneficio. También entonces los pacientes o sus parientes conocerán los riesgos y podrán decidir junto con los profesionales qué conviene hacer.

¿Qué significa esto?

Pues que se sigue con el criterio de Hipócrates (padre de la Medicina), de que los actos médicos deben ser previamente bien evaluados para que cada acción o medida a tomar, beneficie o al menos no empeore la situación del enfermo.

Es lo que se traduce en la relación costo – beneficio. Asistir o mejorar al paciente es lo deseable, pero la medicación a dar, la cirugía a encarar, el tratamiento radiológico o quimioterápico a prescribir, las sesiones de fisioterapia, balneoterapia, psicológicas o las que se planeen para un paciente, deberán ser lo suficientemente efectivas y trascendentes para su salud, como para preferirlas conociendo de antemano sus condiciones negativas de rechazo, de mutilación, y de intolerancia no deseables.

Sin entrar en dramatismos, esto se da inclusive en los pacientes crónicos ambulatorios, que deben perpetuar el consumo de diferentes drogas necesarias para la regulación aceptable de su enfermedad, con medicamentos a los que el organismo se acostumbra y adicciona. De allí la importancia de la investigación física y química de los mismos, obtenidos de sustancias y tejidos de plantas o animales, y sus múltiples etapas de estudios -primero en ratas o cobayos de laboratorio-, con dosis relacionadas a su peso corporal. Mucho después, cuando la efectividad queda demostrada con guarismos importantes, llega la fase cuatro de experimentación clínica en seres humanos, con el doble ensayo a ciegas, cuando ni el médico ni el paciente conoce si está administrando o tomando un placebo o la sustancia activa.

Aún en estos primeros ensayos en humanos, debe probarse que lo administrado sea original, de mayor efecto o mejor tolerado que las otras drogas existentes, lo que habilitará a las autoridades de Salud Pública a extender la patente de habilitación comercial

Aclarado esto, conviene recordar el periodo crítico de la senilidad en los seres humanos, cuando en el metabolismo normal de las personas –vale decir en el balance entre lo que ingiere como alimento y lo que degrada su organismo- es mayor esta función de catabolismo por no asimilar, que lo que incorpora el anabolismo en el proceso de nutrir.

Ello, que es el producto natural de los años, hará que los gerontólogos piensen en los ancianos tratándolos positivamente y devolviéndoles la confianza y el estímulo, señalándoles que la expectativa de vida está en franco crecimiento en todo el mundo, ya que mejoraron las condiciones de salubridad en algunos casos, determinadas pestes fueron erradicadas, los medicamentos naturales o sintéticos, vale decir los producidos en los laboratorios -como antibióticos, vitaminas y minerales o antiinflamatorios- van controlando diversas enfermedades, y las cirugías reparadoras que se practican hoy decididamente prolongan la vida.

La frase que utilizan pues los especialistas gerontólogos es que además de agregar años extras a la vida, la pretensión actual es la de “agregar vida a los años”, y los interesan en el cuidado físico con ejercicios adecuados para su edad, en superar la soledad que suele caracterizarlos, proponiendo y hasta exigiéndoles metas alcanzables de trabajo, diversión, ocupación y entretenimiento, que los ayude a mantenerse joviales y con inquietudes y esperanzas.

Como puede verse, el cuidado de la salud es trascendental en la gente, y con lo expresado me parece haber clarificado hasta qué punto un descuido, una enfermedad o un accidente inesperado, pueden si no matarlo, restarle a la vida su calidad.

¿Qué otras cosas conspiran contra la calidad de vida?

Hablé antes de las derivaciones políticas que mediante la acción de gobiernos no elegidos, no representativos y en cambio sí autoritarios, manejan a discreción la independencia de los poderes asumiendo incluso el Poder Ejecutivo el control de la Justicia o el Poder Legislativo.

Nuestro país ha conocido esos gobiernos dictatoriales por largos y oscuros períodos que afectaron durante varias generaciones de argentinos su calidad de vida y su libertad, postergando realizaciones constructivas y emprendedoras, la capacidad de enseñar y aprender, y entre otras cosas la posibilidad de votar.

Todo eso es afectar la calidad de vida de la gente. Los derechos reconocidos por la Constitución por el largo tiempo del oscurantismo fueron frecuentemente cercenados, y de tal forma Argentina descendió varios y significativos puestos en el ranking mundial del progreso, del crecimiento económico, o en el índice de alfabetización y salud. También en el prestigio de su confiabilidad como nación pagadora y respetuosa de sus compromisos de solvencia y seguridad jurídica.

El advenimiento de la democracia después de los varios gobiernos de facto despuntó como un rayo de esperanza, pero tampoco los gobiernos que se sucedieron a partir de ese logro sanearon suficientemente las malas prácticas de la corrupción, la desidia, el abandono de la cultura del trabajo, y la prometida y nunca cumplida transformación social.

Esta es la coyuntura de hoy, cuando además de ello y por la pérdida de fuentes de trabajo y el aumento de la pauperización de las clases más necesitadas, los argentinos conocimos la desnutrición infantil incalificable y la degradación moral y espiritual de muchas familias.

¡Menudo trabajo le aguarda pues a nuestra Patria, en procura de asegurar futuro y calidad de vida a su gente!

Sin embargo, yo creo que hay que separar el grano de la paja, porque si no cometeríamos el pecado de hacer lo mismo que se suele hacer desde el Estado: nivelar para abajo las ambiciones como si nuestra gente fuera mediocre sin remedio.

Yo que estoy cerca de la juventud y la observo, compruebo que íntimamente en todos los pechos late la esperanza porque no es verdad que nuestro temple íntimo de argentinos haya sido dañado sin recuperación. Como en toda sociedad están los díscolos y los indiferentes, los pesimistas y agoreros sin fe para el mañana. Pero a su lado, o frente a ellos, hay hombres y mujeres jóvenes o no tanto, que se han cansado ya de los destinos marcados en rojo como irrecuperables, y que por ello todos los días alientan, estudian, proponen, planean y ejecutan su plan de reinserción a la sociedad progresista, de la que nunca debimos apartarnos.

Aún está el orgullo de haber pertenecido a la clase media argentina que avanzaba socialmente con dinamismo a destinos superiores, y que quiere y lucha por recuperar la mística de un proyecto social positivo.

No se me ocurre mejor esperanza para terminar este capítulo que repetir la inspirada frase del General José de San Martín cuando expresaba a sus conciudadanos en tiempos de altura de miras, como debe ser éste nuestro presente.
Decía nuestro prócer epónimo: “Serás lo que debas ser, o si no, no serás nada”.

 

 



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