| La
calidad de la existencia |
Ya hemos visto
que todos los mortales antes de serlo, previamente
contamos con una existencia, con una vida. Importa
saber ahora si tal vida desde su inicio, o más
adelante, está o estuvo caracterizada por
la calidad.
Las condiciones
intrínsecas en que una existencia se desarrolla
pueden estar signadas por diversos factores, algunos
regulables y otros no controlables por las mismas
personas o por agentes externos como pueden ser
el medio ambiente, la sociedad a que se pertenece,
las condiciones económicas o circunstancias
políticas adversas para el ejercicio de
las profesiones o el trabajo. Igualmente, la salud
o enfermedad temporal o crónica, modifican
de forma importante el desarrollo de la vida restándole
calidad.
Lo que ocurre
con las personas igual puede suceder con las plantas
y los animales.
Si las plantas no reciben el sol en forma adecuada
o la tierra carece de abono o nutrimentos; si
les falta el agua de lluvia natural o de riego,
sus raíces no se afirman ni desarrollan
convenientemente. Se da idéntica situación
si deben crecer en suelos no aptos porque son
arcillosos, o si hay salitre excesivo o se las
planta muy juntas a otras plantas que les pueden
quitar vigor.
Los yuyos y malezas
las afectan, el pulgón y los insectos las
dañan o atosigan, por eso sólo el
cuidado preventivo de los entendidos puede curarlas
y atenderlas atendiendo a sus múltiples
necesidades.
Con los animales
ocurre otro tanto: naturalmente suelen marcar
su territorio cuidando su hábitat para
desenvolver su vida con posibilidades de comida,
de espacio, protección y defensa. Si son
gregarios se unirán en grupos y adoptarán
un papel definido en la manada; si por el contrario
se muestran esquivos y solitarios tendrán
que cumplir ellos mismos todos los roles.
La crianza en cautividad puede afectarles grandemente,
y en ella hasta las fieras pierden el instinto
natural de la selva y podrían ser presa
fácil de sus congéneres si de pronto
y luego de un tiempo en cautiverio, se las devolviera
a su medio natural.
Botánicos
en el primer caso y zoólogos en el segundo
serán los que traten sus enfermedades o
dolencias, y en tales casos agentes medicamentosos
pueden llegar a constituirse en la única
salvación.
¿Qué
pasa entonces con los seres humanos?
Si de problemas
de salud se trata el tema es más que importante,
porque en las personas el estado de salud es lo
normal, y la enfermedad o el accidente, la noxa
que puede segar la vida a cualquier altura de
la existencia.
Esto debe
entenderse con claridad: lo único necesario
para morirse es haber nacido. A partir de ese
momento el estado de salud –pese a ser lo
normal- puede llegar a ser siempre transitorio.
La medicina
ejercida por los profesionales médicos
clínico-generales y especialistas de todas
las especialidades (incluyendo químicos,
bioquímicos, farmacéuticos, radiólogos
e ingenieros de mantenimiento de los aparatos
que puedan necesitarse en Medicina como los de
estudio por imágenes o rayos láser),
todos ellos decía, ejercen la profesión
teniendo en cuenta una ecuación matemática
conocida. Con los distintos pacientes se pone
en estudio y hasta se menciona previamente a ellos
mismos y a sus parientes, la relación costo
– beneficio. También entonces los
pacientes o sus parientes conocerán los
riesgos y podrán decidir junto con los
profesionales qué conviene hacer.
¿Qué
significa esto?
Pues que
se sigue con el criterio de Hipócrates
(padre de la Medicina), de que los actos médicos
deben ser previamente bien evaluados para que
cada acción o medida a tomar, beneficie
o al menos no empeore la situación del
enfermo.
Es lo que
se traduce en la relación costo –
beneficio. Asistir o mejorar al paciente es lo
deseable, pero la medicación a dar, la
cirugía a encarar, el tratamiento radiológico
o quimioterápico a prescribir, las sesiones
de fisioterapia, balneoterapia, psicológicas
o las que se planeen para un paciente, deberán
ser lo suficientemente efectivas y trascendentes
para su salud, como para preferirlas conociendo
de antemano sus condiciones negativas de rechazo,
de mutilación, y de intolerancia no deseables.
Sin entrar
en dramatismos, esto se da inclusive en los pacientes
crónicos ambulatorios, que deben perpetuar
el consumo de diferentes drogas necesarias para
la regulación aceptable de su enfermedad,
con medicamentos a los que el organismo se acostumbra
y adicciona. De allí la importancia de
la investigación física y química
de los mismos, obtenidos de sustancias y tejidos
de plantas o animales, y sus múltiples
etapas de estudios -primero en ratas o cobayos
de laboratorio-, con dosis relacionadas a su peso
corporal. Mucho después, cuando la efectividad
queda demostrada con guarismos importantes, llega
la fase cuatro de experimentación clínica
en seres humanos, con el doble ensayo a ciegas,
cuando ni el médico ni el paciente conoce
si está administrando o tomando un placebo
o la sustancia activa.
Aún
en estos primeros ensayos en humanos, debe probarse
que lo administrado sea original, de mayor efecto
o mejor tolerado que las otras drogas existentes,
lo que habilitará a las autoridades de
Salud Pública a extender la patente de
habilitación comercial
Aclarado
esto, conviene recordar el periodo crítico
de la senilidad en los seres humanos, cuando en
el metabolismo normal de las personas –vale
decir en el balance entre lo que ingiere como
alimento y lo que degrada su organismo- es mayor
esta función de catabolismo por no asimilar,
que lo que incorpora el anabolismo en el proceso
de nutrir.
Ello, que
es el producto natural de los años, hará
que los gerontólogos piensen en los ancianos
tratándolos positivamente y devolviéndoles
la confianza y el estímulo, señalándoles
que la expectativa de vida está en franco
crecimiento en todo el mundo, ya que mejoraron
las condiciones de salubridad en algunos casos,
determinadas pestes fueron erradicadas, los medicamentos
naturales o sintéticos, vale decir los
producidos en los laboratorios -como antibióticos,
vitaminas y minerales o antiinflamatorios- van
controlando diversas enfermedades, y las cirugías
reparadoras que se practican hoy decididamente
prolongan la vida.
La frase
que utilizan pues los especialistas gerontólogos
es que además de agregar años extras
a la vida, la pretensión actual es la de
“agregar vida a los años”,
y los interesan en el cuidado físico con
ejercicios adecuados para su edad, en superar
la soledad que suele caracterizarlos, proponiendo
y hasta exigiéndoles metas alcanzables
de trabajo, diversión, ocupación
y entretenimiento, que los ayude a mantenerse
joviales y con inquietudes y esperanzas.
Como
puede verse, el cuidado de la salud es trascendental
en la gente, y con lo expresado me parece haber
clarificado hasta qué punto un descuido,
una enfermedad o un accidente inesperado, pueden
si no matarlo, restarle a la vida su calidad.
¿Qué
otras cosas conspiran contra la calidad de vida?
Hablé
antes de las derivaciones políticas que
mediante la acción de gobiernos no elegidos,
no representativos y en cambio sí autoritarios,
manejan a discreción la independencia de
los poderes asumiendo incluso el Poder Ejecutivo
el control de la Justicia o el Poder Legislativo.
Nuestro
país ha conocido esos gobiernos dictatoriales
por largos y oscuros períodos que afectaron
durante varias generaciones de argentinos su calidad
de vida y su libertad, postergando realizaciones
constructivas y emprendedoras, la capacidad de
enseñar y aprender, y entre otras cosas
la posibilidad de votar.
Todo eso
es afectar la calidad de vida de la gente. Los
derechos reconocidos por la Constitución
por el largo tiempo del oscurantismo fueron frecuentemente
cercenados, y de tal forma Argentina descendió
varios y significativos puestos en el ranking
mundial del progreso, del crecimiento económico,
o en el índice de alfabetización
y salud. También en el prestigio de su
confiabilidad como nación pagadora y respetuosa
de sus compromisos de solvencia y seguridad jurídica.
El
advenimiento de la democracia después de
los varios gobiernos de facto despuntó
como un rayo de esperanza, pero tampoco los gobiernos
que se sucedieron a partir de ese logro sanearon
suficientemente las malas prácticas de
la corrupción, la desidia, el abandono
de la cultura del trabajo, y la prometida y nunca
cumplida transformación social.
Esta
es la coyuntura de hoy, cuando además de
ello y por la pérdida de fuentes de trabajo
y el aumento de la pauperización de las
clases más necesitadas, los argentinos
conocimos la desnutrición infantil incalificable
y la degradación moral y espiritual de
muchas familias.
¡Menudo
trabajo le aguarda pues a nuestra Patria, en procura
de asegurar futuro y calidad de vida a su gente!
Sin
embargo, yo creo que hay que separar el grano
de la paja, porque si no cometeríamos el
pecado de hacer lo mismo que se suele hacer desde
el Estado: nivelar para abajo las ambiciones como
si nuestra gente fuera mediocre sin remedio.
Yo
que estoy cerca de la juventud y la observo, compruebo
que íntimamente en todos los pechos late
la esperanza porque no es verdad que nuestro temple
íntimo de argentinos haya sido dañado
sin recuperación. Como en toda sociedad
están los díscolos y los indiferentes,
los pesimistas y agoreros sin fe para el mañana.
Pero a su lado, o frente a ellos, hay hombres
y mujeres jóvenes o no tanto, que se han
cansado ya de los destinos marcados en rojo como
irrecuperables, y que por ello todos los días
alientan, estudian, proponen, planean y ejecutan
su plan de reinserción a la sociedad progresista,
de la que nunca debimos apartarnos.
Aún
está el orgullo de haber pertenecido a
la clase media argentina que avanzaba socialmente
con dinamismo a destinos superiores, y que quiere
y lucha por recuperar la mística de un
proyecto social positivo.
No
se me ocurre mejor esperanza para terminar este
capítulo que repetir la inspirada frase
del General José de San Martín cuando
expresaba a sus conciudadanos en tiempos de altura
de miras, como debe ser éste nuestro presente.
Decía nuestro prócer epónimo:
“Serás lo que debas ser, o si no,
no serás nada”.
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