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Primera Planta Certificada ISO 9000 (2000). Como proyecto de un estudio comenzado en el año 2000 y ante la propuesta de modificaciones...Leer más.


Normas ISO 9000

ISO 9000

ISO 9000, versión 2000, Experiencia Operativa, fue presentado en la Feria del Libro en la ciudad de Buenos Aires. Su contenido versa sobre la reciente edición de las Normas Internacionales de Calidad ISO 9000. La autoría corresponde al Lic. Hugo Enrique Lafaye, quien acredita varias obras anteriores...Leer más


Amar y respetar la Vida

En los momentos más íntimos, cuando introspectivamente el ser humano se sincera al punto revelador de su agradecimiento más profundo, siempre hay coincidencia absoluta cualquiera fuere el individuo, su ubicación en el mundo, la religión que profese o su condición social. En todos los casos y en la época que sea, el hombre y la mujer reconocen como su bien más preciado al don de la Vida.

Es tan única y maravillosa la oportunidad de vivir, que cualquier otro atributo positivo que poseamos empalidece frente a esa realidad concreta, pues sólo la vida nos posibilita ser lo que somos, y más aún, lo que podremos ser.

Reconocida pues de este modo la entidad del ser, todo un abanico de posibilidades se abre a continuación. Ser y estar en el mundo se vuelven un solo verbo, el que principia todas las cosas y posibilidades, el que nos capacita para crear y consumir; todo puede darse en nuestro entorno cuando existimos, y el mismo entorno y sus circunstancias pueden ser variadas por nosotros si así lo decidimos con nuestro propio criterio y albedrío.

Esto es así de simple con nosotros mismos y aún con la otra gente o sociedad que integremos. No es lo mismo nuestro hogar, nuestro barrio o empresa con nosotros que sin nosotros, pues ocupamos un lugar único que nos pertenece y sobre el cual actuamos e influimos en mayor o menor medida, con mayor o menor peso, pero de forma inocultable.
Una vez que hemos aparecido en la vida de la gente de nuestra relación, tal presencia se nota y puede modificar un statu quo, un comportamiento social.

Pensemos en el seno de una familia respecto de la importancia que significa cada miembro. De igual forma y por ser la sociedad un entramado de células familiares, quién sea capaz con sus ideas y realizaciones de transformar esquemas o de conmover hasta sus bases lo instaurado previamente a su incorporación, será un líder creativo con influencia decisiva para la sociedad, ya que ésta asimila los cambios que son permanentes, por ser precisamente el reflejo de un organismo vivo en ebullición.

Lo expresado ni siquiera es exagerado ni ampuloso; puede ser cierto con cada hombre o mujer que existe, por el sólo hecho de vivir. Si analizamos entonces esta fantástica oportunidad que la vida nos posibilita, ¿cómo el ser humano no va a amar la Vida?

¿Y cómo puede expresarse ese amor por la vida?

Pues es posible hacerlo no sólo agradeciendo fervientemente a nuestros padres y a Dios (si somos creyentes) el habernos concebido con amor y con esperanza en nosotros, sino en forma consciente utilizando y perpetuando el amor de que fuimos objeto, para transformarnos en sujetos positivos en la continuidad de tal esperanza, mediante realizaciones concretas, generosas y altruistas, propias de la gente de bien.

¿Qué debemos hacer para ello; cómo debemos prepararnos para actuar?

Pues observando atentamente al crecer, las actitudes naturales de nuestros mayores, las que constituyen el método y modus operandi de cada familia, así como las relaciones interpersonales para saberlas imitar cuando son positivas, o desdeñarlas si a nuestro juicio o conciencia imparcial restan o conspiran con el buen entendimiento familiar.
No debemos creer que por ser jóvenes sin experiencia aún no contamos con valores o entendimiento positivos. En cada alma reciente los valores están esbozados con claridad, y sabremos entonces que los sentimientos contrarios son los que constituyen los disvalores.

Cuando superemos el recoleto entorno familiar, estaremos prestos para vivir la vida de relación que supone concurrir a un colegio, alternar con otros niños o jóvenes de otras familias que pueden tener rasgos y aprovechamientos diferentes a los nuestros por su formación distinta en sus entornos familiares.
Tendrán importancia en ese momento nuestros nuevos compañeros o amigos, de quienes y a quienes podremos recibir o transferir nuestras experiencias y vivencias, así como nuestros propios conceptos y apreciaciones de juzgamiento según nuestros valores.

Ya de adolescentes incursionaremos por las etapas del desarrollo físico, maduración intelectual y despertar sentimental, con todo lo que ello supone y acarrea. Afirmaremos algunos conceptos al igual que afirmamos la voz, y apetitos nuevos de amor y deseo florecerán en nuestros cuerpos y almas, abriéndonos al mundo en la consideración de encarar la juventud con bríos desconocidos, con intrepideces aún no estrenadas, con valentías y decisiones ya de adultos.

Entran en esa etapa los planes a largo plazo. La juventud y la salud con que contamos nos permitirán el optimismo, y serán comunes los compromisos sociales y económicos que asumiremos porque confiamos en nuestras fuerzas, en nuestros proyectos y en nuestras propias decisiones. La Vida, en esos años, no puede ser menos que optimista.

Un tiempo más adelante, conoceremos la madurez que puede ser promisoria si nuestra formación fue correcta y si el empeño y las decisiones fueron las adecuadas y proporcionadas. También desde luego si nuestro trabajo, ventura personal, salud y suerte nos acompañaron.

En cambio si la realidad nos mostró algún desajuste con nuestros propósitos de lucha y de esperanza, habrá que renovar los presupuestos de trabajo y contracción, de economía y ambiciones. Ser realista a tiempo podría resguardar nuestra vejez.

Es lo que decía en el Prefacio: hoy, nosotros, en este tiempo y el que vendrá luego con las posibilidades que estén a nuestro alcance porque ahora podamos actuar y decidir, definirá la responsabilidad que disponemos de cuidar la vida o desafiarla; beneficiarla y asegurarla o perjudicarla irresponsablemente; modificarla para bien, acertadamente; gozarla según nuestras posibilidades o sufrirla; de nuevo ganarla con nuevas realizaciones o desperdiciarla por inconstancias o falta de fe.

Todo ello va implícito en nuestra lucha por vivir. Lo que siempre será seguro es nuestro interés por ser y estar.

El amor por la vida entonces es un hecho en todas las criaturas. Igual derecho debería inspirarnos la responsabilidad del respetarla

Como cada quien es consumista, necesitamos del aire, del agua y de los alimentos.
Y salvo los dos primeros elementos que son naturales, los demás provienen de los reinos vegetal o animal, que están dotados –como los seres humanos- de una vida.

Como el hombre es el último y mejor desarrollado ejemplar de la escala zoológica, se sirve de lo que brinda la naturaleza en plantas y animales con rango de cadena alimentaria. No sólo de la flora autóctona que crece sola, sino de los vegetales que aprendió a cultivar y producir para su uso y consumo.

Respecto de los animales entonces, en alguna medida los hombres aprovechamos lo que ellos como tales consumieron del reino vegetal. Por tanto al comerlos hacemos posible la realidad del consumo indirecto de los mismos, como nutrimento vegetal transformado en carne, así se trate de animales terrestres o del medio acuático.

Maravillosa y compleja pues es la alimentación diaria de los seres vivos, y en el proceso de catabolismo, todos esos entes: plantas, animales y seres humanos a través de sus deshechos o eyecciones, o más tarde al morir por la descomposición de la materia orgánica de sus cuerpos, abonan naturalmente la tierra del suelo, que vuelve a germinar con agua y temperatura adecuadas.

Se trata del ciclo de vida que se cierra ininterrumpidamente, y de ello depende la fecundidad.

Como nada o casi nada es superfluo o sobrante en la creación del mundo y de los individuos, todo importa a la naturaleza o a sus consecuencias. Por ello además de amar la Vida, debemos –como dije- respetarla.

Hagamos gala de este principio fundamental como individuos, y como sociedad: no matemos ni actuemos como depredadores conscientes de la riqueza y bienes de la naturaleza porque estaremos comprometiendo nuestra propia futura existencia o la de nuestros descendientes. La belleza y el equilibrio del mundo conocido deben ser amparados y asegurados por cada individuo, y si no son respetados colectivamente como sociedad, deberán los poderes públicos que administran los recursos naturales, actuar positiva y preventivamente en tal sentido.

De hecho dicho resguardo debe ser obligatorio y a la vez juzgados quienes no cumplan con esa obligación, así se trate de personas o de estados..

Pese a los compromisos que las naciones a veces firman para resguardar el medio ambiente y los recursos naturales evitando la extinción de las especies vegetales o animales, todos sabemos que por seguir dando bienestar y comodidades a su población mejorando aún más su alto standard de vida, son las naciones más poderosas y ricas del planeta las que desoyen las recomendaciones y no cumplen con los compromisos que adquieren.

Afortunadamente existen los hombres y mujeres conocedores de tal problema, que mediante organizaciones no gubernamentales (ONG) creadas de ex profeso, en todo el mundo denuncian y luchan por imponer tales principios de neto corte humano, con recursos privados formados por donaciones espontáneas.
Asociarse a ellos es la mejor manera de contribuir a nuestro futuro.

Como puede verse y como expresa el título de este capítulo, amar y respetar la Vida es toda una urgente y razonable postura para la gente de bien.

Ya lo decía Cicerón en la antigüedad; como individuo...

 

“Nadie es tan viejo como para no esperar vivir un año más”


 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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