
La
administración del cambio
El
cambio ocurre súbitamente, impulsado por
diversos factores endógenos y exógenos
a la organización: los procesos de mutación
se ponen en marcha. Hay entonces cambios espontáneos,
que podríamos llamarlos "naturales"
por su semejanza con la emergencia inopinada de
fenómenos biológicos, geológicos
o atmosféricos. Y como ellos, tales cambios
son inevitables.
Frente
a la evidencia de transformación hay para
las organizaciones dos actitudes posibles: dejarse
llevar fácilmente por el cambio, o asumir
frente a él un rol activo y protagónico.
La
actitud pasiva no suele llevar a buen puerto,
ya que la energía de la transformación
seguirá rumbos aleatorios, cuya posibilidad
de coincidir con los propios objetivos, es por
lo menos, incierta.
Queda
entonces una sola opción válida:
al del cambio planificado, dirigido, controlado
por la inteligencia humana, que será capaz
de orientar la energía mutacional hacia
el logro de las metas que los hombres se han fijado.
Lo que denominamos entonces "administación
del cambio" requiere de pautas y criterios
definidos, como así también de una
metodología rigurosa que viabilice sus
objetivos.
Es
preciso partir de dos requisitos fundamentales:
"Focalizarlo
en núcleos de interés", en
base a las dimensiones de reconocida importancia
en el análisis y funcionamiento de la empresa
(Estrategia, Cultura organizativa, Procesos, Estructura
organizativa, Recursos Humanos, Tecnología
Informática), y;
transformarlo en "Proyecto", es decir,
abordarlo en un tiempo definido con un alcance
acotado, con protagonistas identificados y responsables.
En dichos proyectos deben estar contenidas las
etapas clásicas de abordaje del mismo:
Etapa
diagnóstica o de evaluación de la
realidad.
Etapa de diseño o prospectiva del nuevo
orden deseado.
Etapa de implementación o transformación
de la realidad para identificar los nuevos requerimientos
de cambio.
El efectivo desarrollo de estas etapas exige correlativamente
gerenciar los fenómenos humanos individuales
y grupales que hacen posible la transición.
Las
actividades asociadas con estos fenómenos,
que acompañan al vida integra de un proyecto
de cambio desde el instante en que empieza a pensarse
en él, se relacionan con cuatros procesos
básicos:
Gerenciar
las comunicaciones con el cambio.
Desarrollar el conceso para el cambio.
Organizar los equipos para el cambio.
Trasferir las habilidades para el cambio.
Gerenciar las comunicaciones
Gerenciar
las comunicaciones supone identificar y mantener
el sentido y dirección del cambio a través
de la elaboración de mensajes adecuados,
oportunos y honestos. Permite, asimismo, comprender
los procesos internos individuales y grupales
que genera el proyecto en curso a fin de poder
intervenir en ellos. La gestión de la comunicaciones
implica también analizar permanentemente
desde la perspectiva comunicacional todas las
actividades emprendidas en el proceso de cambio
a fin de diseñarlas de la manera más
efectiva según los objetivos propuestos
y de comprender el significado de cada una de
las respuestas obtenidas. Cabe aclarar que todo
lo que sucede en la organización es real
o potencialmente mensaje y puede ser analizado
desde la perpectiva comunicacional en cuanto a
su emisor, receptor, objetivo, contenido del mensaje,
canal utilizado para la trasmisión, etc.
Bajo
este enfoque, adquiere especial realce el análisis
de la comunicación verbal y la comunicación
de las acciones que acompañan el mensaje
de al palabra tanto oral como escrita, a fin de
lograr la coherencia que hace posible la credibilidad
de los mismos. El desafio de la comunicación
en los procesos de cambio implica:
Definir
los códigos y estilos expositivos más
efectivos y acordes con la cultura organizativa,
los destinatarios de los mensajes y la naturaleza
del proyecto de cambio emprendido.
Generar los canales formales e informales por
los que la consigna de cambio se vaya diseminando
y se operacionalice.
Mantener la coherencia entre lo que se dice y
lo que se hace.
Avanzar en la consigna: saber para cambiar.
Consenso para el cambio.
Construir
el conseso para el cambio supone ir desarrollando
el entretejido de relaciones necesarias para diseñar
y sostener el nuevo orden a implementar. Para
ello deben identificarse las personas claves impactadas
directa o indirectamente por el cambio y aplicar
tiempo y dedicación para conocer sus intereses
y su actitud frente al cambio. Suele decirse que
frente al desafío del cambio se diferencian
tres estamentos sociales en al organización:
un 15% de convencidos adherentes, otro porcentaje
similar de decididos oponentes y un 70% de "indecisos",
que asumen una situación expectante y requieren
ser convencidos de la convivencia del nuevo orden
que planea instituirse.
Una
tarea crucial de los lideres del cambio (directivos,
asesores, ejecutivos de línea) concistirá
en crear las condiciones para que indecisos, y
aún oponentes, transiten desde la resistencia
y el escepticismo a la adhesión, el alineamiento
e incluso el pleno compromiso con el proyecto
de transformación. Semejante logro del
compromiso o al menos una aceptación
activa- es condición inexcusable para el
éxito del emprendimiento. Constituye ya
una evidencia que al cambio puramente voluntarista
y autocrático le esta deparando un inevitable
fracaso. Sólo es posible cambiar con la
gente, no sin ella y mucho menos contra ella.
Todo cambio efectivo debe ser necesariamente participativo.
El nuevo orden de por diseñar e implementar
seguramente impactará, además, los
acuerdos explícitos e implícitos
sobre la distribución del poder y modificará
el peso relativo de la diversas fuentes de legitimación
del mismo (conocimientos, cargo formal, personalidad,
carisma, otras competencias específicas,
experiencias, etc.), cambiando así las
reglas del juego en la estructura del poder organizativo.
Conocer
quiénes constituyen los núcleos
de poder más importantes y cómo
reaccionan ante la propuesta de cambio, así
como planificar la estrategia para lograr ampliar
la red de entusiastas con poder e implantar dicha
estrategia, constituyen las actividades claves
para hacer posible la segunda consigna: querer
para cambiar.
La
tan frecuente actitud de rechazo al cambio tiene
sus raíces en el temor a perder seguridad,
estima, poder; y llevan en definitiva a creer
que dejar todo como está es lo único
que resguarda la propia autoestima.
Organizar
los equipos para el cambio
La
naturaleza y complejidad del análisis de
la realidad, el diseño del nuevo orden
y la implantación del mismo exigen la constitución
de equipos interdisciplinarios e interfuncionales
que pueden integrar coordinadamente la diversidad
de competencias demandadas. De más esta
decir que tales equipos (unidades estructurales
temporarias) deben concebirse bajo el siguiente
paradigma: "número reducido de personas
con habilidades complementarias, comprometidas
con un propósito común, con un objetivo
de rendimiento por el que deben responder de forma
conjunta y con un enfoque de trabajo determinado
y acordado".
El
dilema en este punto es cómo lograr el
nivel de apertura óptimo para resguardar
el origen del proyecto generalmente débil
e incierto que le exige al equipo consolidarse
como tal, con los posteriores requerimientos de
aprobación del proyecto por parte del conjunto
total de la empresa en su estadio de implantación,
que le exige al equipo intervenir activamente
en al organización. Así, durante
el desarrollo del proyecto, los miembros del equipo
no solo deben ir desarrollando habilidades que
le faciliten su trabajo interno (cooperación,
participación, acuerdos grupales, manejo
con el mundo externo al equipo de trabajo, es
decir, sus vinculaciones con los grupos de interés
que solicitan información, transmiten tensión,
demandan consejos, etc.
Urgidos
por producir resultados, una tentación
frecuente del equipo de proyecto es saltear etapas
en el análisis de la realidad o en el diseño
integral de las mejoras. La velocidad del ritmo
con que operan las influencias externas de la
organización en su conjunto y del entorno
de la misma presionan frecuentemente a los miembros
del equipo en una u otra dirección. Aquí
se pone de manifiesto la importancia de contar
con una estructura organizativa para la administración
del proyecto que asegure contar con el apoyo del
más alto nivel de conducción, a
fin de asegurar los tiempos necesarios para garantizar
los mejores resultados. Estructurar el equipo
de proyectos, asignando el espacio para la participación
del máximo nivel de conducción y
sus principales colaboradores, y la constitución
y funcionamiento adecuado del equipo de trabajo
son las claves para el cumplimiento de la tercera
consigna: poder para cambiar.
Transferir
las habilidades
Todo
cambio supone aprendizaje en su sentido más
amplio, supone adquirir nuevos conocimientos,
desarrollar nuevas habilidades y actitudes, supone
pensar, sentir, actuar de manera distinta.
Podrían
diferenciarse dos tipos de competencias en el
marco del proceso de cambio:
La
demanda del proyecto por sí mismo: son
las que hacen posible avanzar en las diversas
etapas que lo componen, y el principal sujeto
de las mismas es el Equipo del Proyecto. Dentro
de este grupo de competencia podrían mencionarse
las demandas en general por el proyecto a lo largo
de toda la vida: la comunicación efectiva,
el trabajo en equipo, el manejo de conflictos,
el análisis de problemas, la toma de decisiones
grupales, la negociación y el compromiso
con la tarea. También en este grupo deben
incluirse aquellas requeridas por cada una de
las etapas del proyecto:
ETAPA DIAGNÓSTICA: Espíritu
crítico, acuciosidad para el análisis,
aceptación del error, apertura y curiosidad,
escucha efectiva, amplitud de mirada.
ETEPA DE DISEÑO: Creatividad, amplitud
de mirada, flexibilidad, apertura, resistencia
ante la incertidumbre, perseverancia.
ETAPA DE IMPLEMENTACION: Planificación,
organización, administración del
tiempo, resistencia a la sobrecarga de trabajo,
liderazgo, entrenamiento/enseñanza.
ETAPA DE MEJORA CONTINUA: Espíritu
crítico, acuciosidad para el análisis,
aceptación del error, apertura y curiosidad,
escucha efectiva, amplitud de mirada.
Las demandas por el nuevo modelo a implementar:
son las requeridas para implementar las estrategias,
estilos, estructuras, procesos y sistemas diseñados
para el nuevo orden.
Estas competencias generalmente están relacionadas
con la adquisición de conocimientos y desarrollo
de habilidades y actitudes para la operación
de lo nuevo, ya sea en su contenido técnico
como de relacionamientos o de control de gestión.
Frente a este conjunto de requerimientos es imprescindible
analizar el estado de situación en cuanto
a la presencia de las competencias, identificar
las necesidades de desarrollo y capacitación,
elaborar los planes, diseñar las actividades
de entrenamiento, desarrollar dichas actividades
y luego llevar a cabo el seguimiento de la transferencia
del aprendizaje. En síntesis dentro del
complejo conjunto de competencia requeridas para
las personas que se desenvuelven en el mundo de
los negocios de finales de siglo, seguramente
sea la capacidad para adaptarse y administrar
el cambio de los principales factores de éxito
organizacional y personal, que permita trasformar
las amenazas en oportunidades en este convulsionado
mundo finisecular.
(*)
Lic. En Administración del Personal, Posgrado
en Sociología y Master en Administración
de Empresas. Especialista en Diagnósticos,
diseños e implementaciones de estructuras
organizativas y de Recursos Humanos y asesora
para el gerenciamiento del cambio. Es Gerente
de Consultoría en Organización y
Recursos Humanos en PRICE WATERHOUSE & CO.
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