| Temas
Básicos de una Vida con Calidad |
En los capítulos
precedentes me he ocupado en poner de relieve
que toda oportunidad, cada progreso, cualquier
avance sólo puede ocurrir en la existencia
humana por el hecho de que maravillosamente concebida
y concretada, disponemos de una Vida.
También
que se justifica amar la vida y respetarla en
toda circunstancia, procurando que la propia y
ajenas estén signadas por la calidad.
Ello nos permite ser amplios en la consideración
y abonar el concepto para las plantas y los animales,
quiénes –según vimos- comparten
nuestro mundo e integran cada cual a su modo y
a su tiempo, eslabones de la cadena alimentaria
del hombre.
Por otro lado
consideré en el capítulo 2 las condiciones
y atributos de una vida con calidad en los reinos
vegetal y animal, incluyendo a los seres humanos,
por lo que a partir de ahora me ceñiré
a descubrir y resaltar cuales son los temas básicos
de una vida humana con calidad.
Desde luego cada
condición es una prioridad en sí
misma, pero evidentemente también en esto
debe establecerse un orden de preeminencia natural,
que condiciona y acompasa cualquier gestión,
esfuerzo o tratativa.
Así por
ejemplo una prioridad del hombre es la libertad,
pero ella corresponde a la esfera política
de los individuos, mientras que para arribar a
ese punto es necesario previamente haber sido
instruido con la educación y el ejemplo
de los que tienen ideas y vocación para
obtenerla y ejercerla, ya que en caso contrario
el no avisado podría cometer libertinaje,
que es su deformación más notable.
El
amor también es una prioridad en el hombre,
y corresponde al mundo de su fantasía,
de sus relaciones interpersonales y del sentimiento.
Pero para poder alentar precisamente fantasías,
relaciones interpersonales y sentimientos que
nos conmuevan, previamente debemos contar con
la salud propia necesaria como para atrevernos
a soñar intensa y generosamente, como son
los sueños de los enamorados.
Disponer
de oportunidades para trabajar, ejercer una profesión,
abrir un comercio o industria y satisfacer la
demanda potencial, tener derecho a votar y elegir
representantes o a ser elegido, a escribir, publicar
y ser leído, a enseñar o aprender,
a viajar y desplazarse dentro y fuera del país
sin trabas, a recurrir a la justicia como ciudadano
y confiar en ella, a profesar la religión
o creencia elegida con libertad, a registrar con
validez jurídica lo que compremos o adquiramos,
a disfrutar de la salud con asociación
voluntaria en institutos u hospitales disponibles,
a poder confiar en el sistema bancario y de previsión
social, a poder disponer de un salario justo y
digno y a poder pensar en un futuro predecible
para nosotros y nuestros hijos que nos permita
hacer planes, esforzarnos luego y obtener finalmente
lo que sembramos y produjimos con conciencia y
amor, todo ello por supuesto está integrando
lo que podrían llamarse temas básicos
de una vida con calidad, sólo que unos
son consecuencia y/o preeminencia de los otros
y resultado de infinitas circunstancias de cada
quién, durante su existencia.
También son derechos
básicos el descanso, el derecho de reunión
y de exposición de ideas lícitas
constitucionalmente, el derecho a la propia defensa
y a las vacaciones pagas, así como el derecho
a sentirnos protagonistas de nuestro destino personal
y de la sociedad que integramos. Tener una Patria
y quererla y comprometer nuestro honor en las
causas en que creemos.
Todo esto citado conforma
una situación ideal, en un país
ideal de un mundo también ideal.
De allí a la realidad de todo el mundo
media una distancia más que considerable,
que organismos internacionales quizás utópicos
integrados por representantes de todos los países
que los convocan e integran, repiten cada año
o cada tanto, como objetivos y planes de supuesta
validez y compromiso mundial.
Declaraciones,
tratados, protocolos y también objetivos
de prevención, conservación y explotación
racional de los recursos de todo tipo y del medio
ambiente, son firmados en tales convenciones como
promesas a cumplir en tiempos prefijados, pero
al momento de cumplirse dichos tiempos en muchos
casos sólo puede comprobarse el no cumplimiento
de lo prometido y –casi siempre- por los
países más grandes, poblados y económicamente
ricos del planeta.
Es
que la vara parece ser distinta cuando mide en
casa que cuando mide afuera.
Si
la austeridad, la prudencia, el consumo racional
en la emisión de gases contaminantes para
conservar mejor el medio ambiente son marcados
como prioritarios para todos los países,
en algunos de ellos prefieren pagar las multas
que se les impongan que racionalizar y convencer
a una sociedad hasta viciosa respecto de los goces
de la prosperidad.
Los gobiernos locales pagan las multas con dinero
para seguir gozando de la popularidad que les
permite continuar en el poder.
¿Qué
pueden hacer en contra de ellos los países
que cumplen o se empeñan en el compromiso?
Pues
unirse y hacer lo que ya están haciendo
en todos los frentes y en todas las plataformas:
denunciar, castigar con su voto, desenmascarar
toda la máscara de publicidad que utilizan
para venderse como civilizados y cumplidores.
Dejar
cada día más claramente expuesto
quién es quién como Nación
en el mundo, para ejemplo de los niños
y jóvenes que son quienes deberán
lidiar con el futuro.
Es una tarea de justicia social y de reparación
a los que cumplen.
De cualquier modo nadie en el mundo puede sacar
los pies del plato.
En
todos lados, aún en los países que
siguen las recomendaciones y procuran ser racionales
y cuidadosos, también en ellos queda mucho
por hacer. Es que las naciones tienen como base
una sociedad que se compone de gente, y la gente
no es homogénea en su composición
ni pareja en su educación y cultura.
Todos
somos seres vivos que consumimos, y la apetencia
de beneficios y de mejoras que cada cual pueda
obtener por medios lícitos e ilícitos
es infinita, como infinito sean su entendimiento,
atrevimiento y ambición.
Es
por ello que a posteriori de la escuela en casa,
cual es aquilatar y valorar lo que de nuestros
padres y su ejemplo aprendamos, la concurrencia
a los establecimientos escolares desde la más
temprana edad y hasta obtener una formación
que inteligentemente podamos apreciar en plenitud
es absolutamente necesaria e irreemplazable, y
sin embargo a diario se constata hasta qué
punto crece la deserción escolar temprana,
por los motivos que fueren.
Que
ello es así porque la sociedad argentina
y latinoamericana en este periodo atraviesan necesidades
apremiantes es una realidad tangible, pero ello
no debe ser motivo del conformismo de nadie, de
la irresponsabilidad de los políticos y
gobiernos como para buscarle solución adecuada,
ni de la iglesia, fuerzas vivas, empresarios y
ONG. que deseen superar la contingencia, con acciones
directas propias o asociadas, con voluntad inquebrantable
y los ojos puestos en el futuro de los países,
hoy bajo la triste sombra de la desesperanza.
Para
ello hay que conformar un Estado donde el derecho
de todos sea una realidad, donde el dinero que
entre a las arcas oficiales sea cuidado con probidad
y distribuido en lo más urgente y necesario
con inteligencia y justicia distributiva, donde
se respeten las leyes y los acuerdos y sea previsible
el futuro de las inversiones, donde los capitales
propios y ajenos sean bienvenidos cuando su intención
es crear trabajo, comerciar con libertad y respetar
puntualmente el pago de los impuestos legales,
donde sean derecho habitual la invención
registrada, la propiedad adquirida y la palabra
empeñada, donde se haya erradicado toda
corrupción y venalidad de los poderes públicos
y de las instancias privadas, del que ofrece y
el que recibe, y donde todas las oportunidades
que puedan generarse en el trabajo, en la contratación,
en el disfrute de beneficios, etc., lleguen a
los que pueden pretenderlas y aprovecharlas al
mismo tiempo, como para que las logre el más
inteligente, el más capaz y el mejor preparado.
Estoy
hablando –como puede verse- de convertir
al nuestro en un país ideal, justo, moderno,
libre y soberano, lo que no es poco.
Sin
embargo no debemos desesperar aún en nuestra
situación actual de contingencia. Sólo
hay que reflotar los valores morales e intelectuales
de una población que por razones étnicas,
históricas y físicas está
en condiciones de hacerlo con denuedo y con convicción.
Más
de una vez hemos oído hablar de generaciones
perdidas los argentinos, pero ello se emparentaba
frecuentemente con algunos vicios que han demostrado
serlo ya suficientemente como para no reconocerlos
hoy.
Me
refiero al individualismo exacerbado de los argentinos,
al no saber o a nuestra dificultad en trabajar
en equipo, a la proverbial astucia de nuestra
gente que se confundió siempre con la “viveza”
argentina que nos descalificó en el mundo,
al clásico “no te metás”
que paralizó por siempre nuestra participación
en la cosa pública, y al desenfrenado anhelo
de parecernos a los europeos, cuando de ellos
estamos tan lejanos físicamente en el mapa,
y tan cerca de Latinoamérica a la que no
consideramos por muchos años.
Hoy
el mundo y la situación nos están
ubicando, al igual que nuestra realidad económica.
Ojalá que hayamos aprendido la lección
de una vez, para poder asegurarnos una vida promisoria
con calidad.
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