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Primera Planta Certificada ISO 9000 (2000). Como proyecto de un estudio comenzado en el año 2000 y ante la propuesta de modificaciones...Leer más.


Normas ISO 9000

ISO 9000

ISO 9000, versión 2000, Experiencia Operativa, fue presentado en la Feria del Libro en la ciudad de Buenos Aires. Su contenido versa sobre la reciente edición de las Normas Internacionales de Calidad ISO 9000. La autoría corresponde al Lic. Hugo Enrique Lafaye, quien acredita varias obras anteriores...Leer más


Temas Básicos de una Vida con Calidad

En los capítulos precedentes me he ocupado en poner de relieve que toda oportunidad, cada progreso, cualquier avance sólo puede ocurrir en la existencia humana por el hecho de que maravillosamente concebida y concretada, disponemos de una Vida.

También que se justifica amar la vida y respetarla en toda circunstancia, procurando que la propia y ajenas estén signadas por la calidad.
Ello nos permite ser amplios en la consideración y abonar el concepto para las plantas y los animales, quiénes –según vimos- comparten nuestro mundo e integran cada cual a su modo y a su tiempo, eslabones de la cadena alimentaria del hombre.

Por otro lado consideré en el capítulo 2 las condiciones y atributos de una vida con calidad en los reinos vegetal y animal, incluyendo a los seres humanos, por lo que a partir de ahora me ceñiré a descubrir y resaltar cuales son los temas básicos de una vida humana con calidad.

Desde luego cada condición es una prioridad en sí misma, pero evidentemente también en esto debe establecerse un orden de preeminencia natural, que condiciona y acompasa cualquier gestión, esfuerzo o tratativa.

Así por ejemplo una prioridad del hombre es la libertad, pero ella corresponde a la esfera política de los individuos, mientras que para arribar a ese punto es necesario previamente haber sido instruido con la educación y el ejemplo de los que tienen ideas y vocación para obtenerla y ejercerla, ya que en caso contrario el no avisado podría cometer libertinaje, que es su deformación más notable.

El amor también es una prioridad en el hombre, y corresponde al mundo de su fantasía, de sus relaciones interpersonales y del sentimiento. Pero para poder alentar precisamente fantasías, relaciones interpersonales y sentimientos que nos conmuevan, previamente debemos contar con la salud propia necesaria como para atrevernos a soñar intensa y generosamente, como son los sueños de los enamorados.

Disponer de oportunidades para trabajar, ejercer una profesión, abrir un comercio o industria y satisfacer la demanda potencial, tener derecho a votar y elegir representantes o a ser elegido, a escribir, publicar y ser leído, a enseñar o aprender, a viajar y desplazarse dentro y fuera del país sin trabas, a recurrir a la justicia como ciudadano y confiar en ella, a profesar la religión o creencia elegida con libertad, a registrar con validez jurídica lo que compremos o adquiramos, a disfrutar de la salud con asociación voluntaria en institutos u hospitales disponibles, a poder confiar en el sistema bancario y de previsión social, a poder disponer de un salario justo y digno y a poder pensar en un futuro predecible para nosotros y nuestros hijos que nos permita hacer planes, esforzarnos luego y obtener finalmente lo que sembramos y produjimos con conciencia y amor, todo ello por supuesto está integrando lo que podrían llamarse temas básicos de una vida con calidad, sólo que unos son consecuencia y/o preeminencia de los otros y resultado de infinitas circunstancias de cada quién, durante su existencia.

También son derechos básicos el descanso, el derecho de reunión y de exposición de ideas lícitas constitucionalmente, el derecho a la propia defensa y a las vacaciones pagas, así como el derecho a sentirnos protagonistas de nuestro destino personal y de la sociedad que integramos. Tener una Patria y quererla y comprometer nuestro honor en las causas en que creemos.

Todo esto citado conforma una situación ideal, en un país ideal de un mundo también ideal.
De allí a la realidad de todo el mundo media una distancia más que considerable, que organismos internacionales quizás utópicos integrados por representantes de todos los países que los convocan e integran, repiten cada año o cada tanto, como objetivos y planes de supuesta validez y compromiso mundial.

Declaraciones, tratados, protocolos y también objetivos de prevención, conservación y explotación racional de los recursos de todo tipo y del medio ambiente, son firmados en tales convenciones como promesas a cumplir en tiempos prefijados, pero al momento de cumplirse dichos tiempos en muchos casos sólo puede comprobarse el no cumplimiento de lo prometido y –casi siempre- por los países más grandes, poblados y económicamente ricos del planeta.
Es que la vara parece ser distinta cuando mide en casa que cuando mide afuera.

Si la austeridad, la prudencia, el consumo racional en la emisión de gases contaminantes para conservar mejor el medio ambiente son marcados como prioritarios para todos los países, en algunos de ellos prefieren pagar las multas que se les impongan que racionalizar y convencer a una sociedad hasta viciosa respecto de los goces de la prosperidad.
Los gobiernos locales pagan las multas con dinero para seguir gozando de la popularidad que les permite continuar en el poder.

¿Qué pueden hacer en contra de ellos los países que cumplen o se empeñan en el compromiso?

Pues unirse y hacer lo que ya están haciendo en todos los frentes y en todas las plataformas: denunciar, castigar con su voto, desenmascarar toda la máscara de publicidad que utilizan para venderse como civilizados y cumplidores.

Dejar cada día más claramente expuesto quién es quién como Nación en el mundo, para ejemplo de los niños y jóvenes que son quienes deberán lidiar con el futuro.
Es una tarea de justicia social y de reparación a los que cumplen.


De cualquier modo nadie en el mundo puede sacar los pies del plato.

En todos lados, aún en los países que siguen las recomendaciones y procuran ser racionales y cuidadosos, también en ellos queda mucho por hacer. Es que las naciones tienen como base una sociedad que se compone de gente, y la gente no es homogénea en su composición ni pareja en su educación y cultura.

Todos somos seres vivos que consumimos, y la apetencia de beneficios y de mejoras que cada cual pueda obtener por medios lícitos e ilícitos es infinita, como infinito sean su entendimiento, atrevimiento y ambición.

Es por ello que a posteriori de la escuela en casa, cual es aquilatar y valorar lo que de nuestros padres y su ejemplo aprendamos, la concurrencia a los establecimientos escolares desde la más temprana edad y hasta obtener una formación que inteligentemente podamos apreciar en plenitud es absolutamente necesaria e irreemplazable, y sin embargo a diario se constata hasta qué punto crece la deserción escolar temprana, por los motivos que fueren.

Que ello es así porque la sociedad argentina y latinoamericana en este periodo atraviesan necesidades apremiantes es una realidad tangible, pero ello no debe ser motivo del conformismo de nadie, de la irresponsabilidad de los políticos y gobiernos como para buscarle solución adecuada, ni de la iglesia, fuerzas vivas, empresarios y ONG. que deseen superar la contingencia, con acciones directas propias o asociadas, con voluntad inquebrantable y los ojos puestos en el futuro de los países, hoy bajo la triste sombra de la desesperanza.

Para ello hay que conformar un Estado donde el derecho de todos sea una realidad, donde el dinero que entre a las arcas oficiales sea cuidado con probidad y distribuido en lo más urgente y necesario con inteligencia y justicia distributiva, donde se respeten las leyes y los acuerdos y sea previsible el futuro de las inversiones, donde los capitales propios y ajenos sean bienvenidos cuando su intención es crear trabajo, comerciar con libertad y respetar puntualmente el pago de los impuestos legales, donde sean derecho habitual la invención registrada, la propiedad adquirida y la palabra empeñada, donde se haya erradicado toda corrupción y venalidad de los poderes públicos y de las instancias privadas, del que ofrece y el que recibe, y donde todas las oportunidades que puedan generarse en el trabajo, en la contratación, en el disfrute de beneficios, etc., lleguen a los que pueden pretenderlas y aprovecharlas al mismo tiempo, como para que las logre el más inteligente, el más capaz y el mejor preparado.

Estoy hablando –como puede verse- de convertir al nuestro en un país ideal, justo, moderno, libre y soberano, lo que no es poco.

Sin embargo no debemos desesperar aún en nuestra situación actual de contingencia. Sólo hay que reflotar los valores morales e intelectuales de una población que por razones étnicas, históricas y físicas está en condiciones de hacerlo con denuedo y con convicción.

Más de una vez hemos oído hablar de generaciones perdidas los argentinos, pero ello se emparentaba frecuentemente con algunos vicios que han demostrado serlo ya suficientemente como para no reconocerlos hoy.

Me refiero al individualismo exacerbado de los argentinos, al no saber o a nuestra dificultad en trabajar en equipo, a la proverbial astucia de nuestra gente que se confundió siempre con la “viveza” argentina que nos descalificó en el mundo, al clásico “no te metás” que paralizó por siempre nuestra participación en la cosa pública, y al desenfrenado anhelo de parecernos a los europeos, cuando de ellos estamos tan lejanos físicamente en el mapa, y tan cerca de Latinoamérica a la que no consideramos por muchos años.

Hoy el mundo y la situación nos están ubicando, al igual que nuestra realidad económica. Ojalá que hayamos aprendido la lección de una vez, para poder asegurarnos una vida promisoria con calidad.

 

 

 

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