
Traducido y reproducido con autorización
de Harvard Busines Review. fue publicado originalmente
en ingles: "Another Look at How Toyota Integrantes
Product Development", por Durward K. sobek,
II, Jeffrey K. liker, y Allen C. ward, en el ejemplar
de julio agosto de 1998. copyright 1998
by The President and Fellows of Harvard College,
all rigts reserved. esta traducción copyright
1999 by The President Fellos of Harvard College.
Otra
visión de cómo Toyota integra el
desarrollo de sus productos.
La
empresa famosa por la integración, también
lo es en el desarrollo de experiencia por funciones.
Desafiadas
por competidores mundiales, las empresas norteamericanas
han experimentado un renacimiento en la última
década. Este renacimiento nació
en los salones de venta con énfasis en
calidad implícita, eliminación de
desperdicios y rendimientos más rápidos.
Pero, rápidamente, la atención se
fue hacia el desarrollo de productos, donde las
empresas japonesas tenían mejor rendimiento
que las norteamericanas en casi todas las mediciones:
velocidad en llegar al mercado, diseño
de productos y productividad.
Los
observadores llegaron a la conclusión de
que la clave del éxito japonés y
la debilidad de la industria norteamericana estaba
en la integración tanto en el diseño
de productos, diseño de procesos de fabricación,
marketing, compra, finanzas como en otras
funciones del negocio.
Muchas
empresas decidieron atacar el problema. Las soluciones
más comunes eran herramientas de desarrollo
de productos como la aplicación de funciones
de calidad y métodos Taguchi. Las compañías
también introdujeron soluciones dentro
de la estructura de la firma, como dejar intactas
las funciones básicas de organización,
asignar a la gente en equipos de proyectos temporario
y desarmar algunas áreas para ordenarse
alrededor de los productos, tal como lo hizo Chrysler
a principio de los 90.
(Aquí
usamos el término de función de
manera amplia para significar los diversos grupos
de expertise especializados que se necesitan para
que los nuevos modelos funcionen incluyendo
la ingeniería dentro del proceso de diseño,
etc.).
Estas
soluciones produjeron mejoras sustanciales y resultados
dramáticos en el mercado. También
crearon problemas propios. El aprendizaje organizacional
se deterioró porque la gente rota rápidamente
en las distintas funciones. La estandarización
de los productos ha sufrido porque los equipos
de producto se han vuelto autónomos. En
las empresas que combinan estructuras funcionales
con equipos por proyecto, los ingenieros se ven
tironeados por las decisiones de los jefes de
cada área y las demandas de los líderes
de proyecto, por el otro. Mientras estos nuevos
temas toman su tributo, las empresas norteamericanas
comienzan a ver la efectividad de sus sistema
de desarrollo de productos alcanza una meseta.
Más importante a un, en cuanto a efectividad
parecen estar muy lejos de las mejores compañías
japonesas.
Este
artículo profundiza en cómo una
de estas firmas, Toyota, maneja su proceso de
desarrollo de vehículos.
Durante
cinco años, estudiamos el proyecto de Toyota
a través de entrevistas profundas con todos
los niveles gerenciales. Descubrimos que esta
empresa no siempre refleja lo que se considera
como el modelo japonés mantiene
una organización basada en funciones mientras
consigue altos grados de integración y
sus prácticas son similares a las empleadas
por empresas norteamericanas en las primeras décadas
del siglo.
Podemos
dividir las prácticas gerenciales de Toyota
en seis mecanismos: tres, son procesos primariamente
sociales: ajustes mutuos, supervisión de
cerca y liderazgo integrativo desde las cabezas
de los productos. Los otros tres son formas de
estandarización: habilidad standard, procesos
de trabajo standard y diseños standard.
Cada mecanismo, por sí solo logra poco,
pero cada pieza tiene su rol y, al mismo tiempo,
refuerza el resto. Esto es diferente en las empresas
norteamericanas donde muchas herramientas sostificadas
y prácticas se implementan de manera independiente.
Juntos,
los 6 mecanismos le dan a Toyota un sistema de
desarrollo unido firmemente que permite la coordinación
entre funciones y construye experiencia funcional.
Este equilibrio le da integración entre
proyectos y dentro de cada proyecto. Las firmas
de los Estados Unidos se han concentrado en hacer
que las funciones estén junto a los proyectos,
aunque un foco en un solo objetivo puede socavar
los intentos por compartir información.
Los equipos cross functional, por ejemplo, trabajan
bien en proyectos individuales pero la naturaleza
temporaria y personal de estos grupos dificultan
la transmisión de la información
hacia el resto.
Por
el contrario, Toyota parece ir por el extremo
opuesto. Descansa en reglas y estándares
altamente formales y pone límites en el
uso de equipos multidiciplinarios. Estás
políticas rígidas tienen grandes
desventajas. Para evitarlas, Toyota agregó
un número de giros que aseguran a cada
proyecto la flexibilidad que necesita y beneficiarse
de lo que se ha aprendido en otros proyectos.
El resultado es un proceso hábilmente manejado,
que rivaliza en efectividad con el famoso sistema
de producción de la firma, lean manufacturing.
Coordinación
basada en la escritura
Una
de las maneras más poderosas de coordinar
los esfuerzos propios con los de otras funciones
es hablar cara a cara. De esta manera, cada parte
obtiene el punto de vista del resto y puede hacer
ajustes para encontrar un terreno en común.
Este ajuste mutuo, por lo general, lleva la forma
de una reunión: el diseñador del
producto y el ingeniero de fabricación,
por ejemplo, se reúnen para discutir los
efectos que tendrá el diseño de
una carrocería especial en los costos de
producción.
Sin
embargo, las reuniones son altamente costosas
en tiempo y eficiencia. Suelen implicar un bajo
valor agregado de trabajo limitado por persona,
pierden foco con facilidad y duran más
de lo necesario. Los ingenieros en las empresas
que hemos visitado suelen quejarse por no tener
tiempo para hacer su trabajo porque tienen la
agenda cargada de reuniones.
En
cambio Toyota, no asigna a sus ingenieros por
proyecto. Muchas personas están en las
áreas funcionales y son asignadas a trabajar
en proyectos por lo general más
de uno liderados por projec leaders.
En
vez de organizar reuniones periódicas,
la empresa pone el énfasis en la comunicación
estricta. Cuando aparece un tema que requiere
la coordinación multidiciplinaria, el protocolo
es, en primer lugar, un informe escrito que presenta
el diagnostico del problema, la información
clave y su recomendación. Luego se distribuye
a las partes involucradas. Por lo general, el
informe es acompañado por llamadas telefónicas
o reuniones cortas para mostrar los puntos clave
y enfatizar la importancia de la información.
Se espera que el receptor lea y estudie el documento
y ofrezca feedback, a veces a través de
un reporte escrito por separado. Una o dos repeticiones
tienen mucha información y los participantes
suelen llegar a un acuerdo en varios puntos. Si
hay algún desacuerdo, ese es el momento
para realizar la reunión cara a cara.
En
esos encuentros para resolver problemas, los participantes
ya comprenden bien los temas clave, trabajan los
datos comunes y han pensado propuestas y respuestas.
Las reuniones se focalizan en resolver el problema
concreto sin perder tiempo en poner al tanto a
las personas del tema en cuestión. Por
el contrario, en las firmas norteamericanas, los
asistentes van a los meetings con muy poca o nada
de preparación. Pueden pasarse la primera
media hora en definir el tema y las propuestas
no son buenas porque no hubo demasiado tiempo
para pensar.
Toyota
se toma muy en serio el estilo focalizado de sus
reuniones. Uno de los ingenieros que entrevistamos
nos mostró su agenda del día, que
incluía dos reuniones en momentos separados
con el mismo grupo de personas. Cuando le preguntamos
por qué lo había organizado así
nos contestó que necesitan dos encuentros
para tratar dos problemas distintos.
Era
muy importante no confundir los puntos al combinar
todo en una misma reunión.
Una
vez que el redactor del informe original consultó
a las partes interesadas, escribe una versión
final que muestra todas las caras del tema. Este
proceso tiene dos ventajas. En primer lugar, documenta
y resume el análisis y la toma de decisiones
en forma conveniente para el resto de la organización.
En segundo lugar, y más importante aún,
obliga a todos los ingenieros de cada función
a recoger las opiniones de otras funciones y tienen
en cuenta las ramificaciones de los cambios que
proponen.
Giro:
a pesar que Toyota suele confiar en la comunicación
escrita como la primera línea de ataque
para resolver un problema, no sufre de un excesivo
y voluminoso paperwork que asociamos a las burocracias.
En muchos casos, los ingenieros escriben informes
muy cortos, de un solo lado, en hojas tamaño
A3 (por lo general, la medida de una hoja de fax).
Todos
los informes tienen el mismo formato para que
todos sepan dónde encontrar la definición
del problema, el ingeniero responsable, su departamento,
los resultados del análisis y las recomendaciones.
A los ingenieros, este formato standard también
los ayuda a saber que tuvieron en cuenta todos
los ángulos de un tema. El resultado es
una declaración clara de un problema, sus
soluciones accesibles no sólo a las personas
de un proyecto en particular, sino para todos
los que están trabajando en otro proyecto
en particular.
Escribir
estos informes es una herramienta difícil
pero muy útil, por eso mismo la empresa
ofrece un entrenamiento formal para que sepan
cómo volcar lo que desean comunicar. Toyota
también creo una cultura donde leer estos
informes esta muy bien considerado y valorado,
y es esencial para hacer bien el trabajo. En efecto,
hemos escuchado que algunos ejecutivos se niegan
a leer documentos que sean más extensos
que dos hojas.
Toyota
combina un sistema muy formal con giros que aseguran
que cada proceso sea flexible y se beneficie de
otros.
Tutoría
de supervisores
En
el desarrollo de productos, la supervisión
se daba dentro de funciones individuales. Los
ingenieros electrónicos, por ejemplo, eran
supervisados por otros colegas porque comprendían
bien el trabajo en cuestión. Recientemente,
algunas empresas norteamericanas han experimentado
con organizaciones basadas en grupos multidiciplinarios
y funcionales para forzar a los ingenieros a pensar
más allá de las necesidades de sus
propias funciones. Chrylers, por ejemplo, se organiza
alrededor de plataformas de productos, en vez
de funciones, y el líder del equipo es
el jefe de todos los ingenieros de esa plataforma.
Sin
embargo, Toyota no se ha olvidado del valor de
supervisores en cada función. Los supervisores
y los gerentes de alto nivel están muy
involucrados en los detalles del diseño
de ingeniería. De hecho, los ingenieros
jóvenes (cualquiera, con menos de 10 años
de experiencia) necesitan la aprobación
de sus supervisores funcionales, no sólo
por los diseños que proponen sino también
por cada paso que toman en el proceso de llegar
al diseño final.
La
empresa depende de los supervisores para construir
una profunda experiencia funcional en sus nuevos
empleados el expertise que luego les facilita
la coordinación a través de funciones.
Pero los supervisores funcionales también
enseñan a los ingenieros cómo escribir
informes, a quién enviarlos, cómo
interpretar los reportes de otras funciones y
cómo preparar reuniones. Los supervisores
directos trabajan en concierto con los ajustes
mutuos para promover la coordinación.
Giro:
a los ojos norteamericanos, esta supervisión
tan intensiva sería un especie de intromisión
que sofoca la creatividad y aprendizaje de los
ingenieros nuevos y otros especialistas. Las compañías
norteamericanas se mueven en la dirección
contraria mientras predican el empowerment con
supervisores que actúan más como
facilitadores que como jefes. Pero Toyota ha tenido
éxito en conservar su supervisión
fresca y atractiva, de dos maneras. Al igual que
los supervisores en la planta, los gerentes de
desarrollo de producto trabajan junto a los ingenieros.
En vez de gerenciar el proceso de ingeniería,
afilan sus habilidades, están a tanto de
la nueva tecnología, mantienen sus contactos,
desarrollan nuevos enlaces y permanecen involucrados
en el propio proceso creativo.
Los
ingenieros funcionales no se sienten frustrados
por tener que trabajar bajo la tutela de alguien
menos hábil que ellos. En muchas firmas
norteamericanas, por el contrario, los ingenieros
que avanzan por los rangos se transforman en gerentes
y dejan de hacer trabajos de ingeniería.
Tal
vez más importante aún, los gerentes
de Toyota parecen tomar decisiones para sus subordinados.
Raramente les dicen que tienen qué deben
hacer y contestan preguntas con otras preguntas.
Fuerzan a los ingenieros a pensar y a comprender
el problema antes de buscar una alternativa, aun
si el gerente conoce la respuesta correcta. No
se trata de una relación entre jefe y subordinado
o entre entrenador y atleta, sino entre estudiante
y su mentor.
continúa>>>
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